La homosexualidad según la perspectiva bíblica

 

homosexualidad, cada vez hay mas homosexuales, y cada dia se atreven mas a proclamar abiertamente, su libertinaje sexual. Cada dia que pasa, el espíritu de orgullo y de altivez, hace que en vez de ser los heterosexuales los normales y los homosexuales anormales, parezcan ser que es al revés ahora, los heterosexuales son los anormales y los homosexuales los normales.Marchas gays, lobbys gays, reclamos gay , asociaciones gay, presiones al cristianismo para que los acepten como si fueran personas normales, que si bien es verdad que tiene los mismo derechos que cualquier otro ser humano en esta tierra para vivir, no por eso uno esta obligado a aceptar su conducta, ni los ministros cristianos la obligación de casarlos, ni de emplearlos, etc. Todo gay, es hoy en día, es una moda, un furor, un boom homosexual !!

La iglesia cristiana no puede ni debe aceptar la homosexualidad en el ser humano como algo normal,sin como lo que es , un vicio pecaminoso, una degeneración del ser humano.

 

LA DOCTRINA DE LA TRINIDAD DE DIOS

Definicion:

Hay un solo Dios, pero en la unidad de la divina esencia hay tres personas co-eternas e iguales en todo, de la misma sustancia, pero distintas en la subsistencia.

Palabra compuesta de Tres y Unidad=Tri-unidad o Trinidad.  Aunque la palabra "Trinidad" no se encuentra en la Biblia, es la palabra que mejor nos deja entender la forma "Tri-Partita" en la cual Dios existe según lo revelado en las Santas Escrituras.  Dios no es un Dios de tres cabezas como dicen los Testigos de Jehova, ni es una "trilogia" de tres Dioses como dicen los Mormones.   Dios es único y uno, que subsiste y se ha revelado al hombre en tres formas El Pdre, el Hijo y El Espiritu Santo, tres personas, co-eternas, separadas pero siempre unidas, indepedientes pero enlazadas en todo, en proposito, en deseo y voluntad.

 

La ensenanza de la Trinidad es una que va mas alla del alcance de la mentalidad humana. La mente humana no puede percibir las cosas de Dios porque le son locura. El Misionero y Maestro Juan Wesley expreso lo siguiente: "Muestrame una lombriz que pueda comprender al hombre, y yo te mostrare a un hombre que puede comprender a un Dios trino" Isaias 55:8, lo expresa:

"… Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni mis caminos vuestros caminos, dice el Señor. Porque como los cielos son mas altos que la tierra, Asi son mis caminos mas altos que vuestros caminos y mis pensamientos que vuestros pensamientos".

La logica humana simplistica no puede entender lo que Dios hace y como funciona. Cuando queremos aplicar logica humana a Dios y su Palabra (La Biblia), nunca llegaremos a una conclusion verdadera porque la mente humana no entiende las cosas de Dios porque le son locura.

El apostol Pablo escribió: "Porque ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conocere como fui conocido" I Corintios 13:12

   

  • Origen de la Doctrina:

   

A medida que la iglesia crecía, tambien crecian los grupos herejes y maestros que negaban la deidad de Cristo y la del Espiritu Santo, lo que causó que la iglesia formalizara la doctrina de la Trinidad. En el año 215 DC, Tertuliano fue el primero en establecer esta doctrina usando el termino, Trinidad. Algunas de las falsas doctrinas que se levantaron en aquella epoca tales como el Gnosticismo (La Ciencia Cristiana de hoy), que existian desde el tiempo de los apostoles y que fueron condenados fuertemente por Pablo en su carta a los Colosenses y por Juan en su primera Epistola. Los gnósticos negaban la deidad de Cristo y lo presentaban como un Super-Angel que emanaba de Dios, que era un ser inferior a Dios.

Una de las pruebas mas fuertes de la iglesia primitiva fué la de los herejes Arianos (Los testigos de Jehova de hoy), y fué esta herejia la que motivó a la iglesia primitiva a formalizar la doctrina de la Trinidad.

Los modernos Arianos o Testigos de Jehovah, podriamos decir que son politeistas, pues de acuerdo a la version del Nuevo Mundo de la Biblia en Juan 1:1 lee de la siguiente manera:

"En[el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios".

Si consideramos esta porción, su forma de creer en Cristo como un "dios" y creer en Jehova como el Dios verdadero, los hace politeistas, que creen en más de un solo Dios. Esta es tambien la creencia de los Mormones quienes creen que el Padre, Hijo y Espiritu Santo son tres dioses separados, además de creer que existen otros dioses 

La traduccion de Juan 1:1 en la Biblia nos enseña que Jesucristo existe desde el Principio con Dios y que era Dios; lo cual contradice claramente la enseñanza erronea de los Testigos de Jehova, de que Cristo fué creado despues, pero que "Dios estuvo solo antes". Otro herejia que impulsó a la formalizacion de esta doctrina fue la de Sociniana (Los Unitarios de hoy). Todas los antes mencionadas, enseñanzas erróneas, tienen en común que dan a Cristo todo titulo, excepto el que le daria todos los demas titulos, el de Señor y Salvador.

Persona y Esencia

Persona: De Acuerdo a la ensenanza Biblica cuando hablamos de "Persona", no se hace esto en el mismo modo en que se hace cuando se habla del humano. Esta palabra encierra mas; las tres personas son inseparables, inter-dependientes, y eternamente unidas en un ser divino(5).

Esencia: "La doctrina de la Trinidad establece que hay un solo Dios quien es uno en esencia o substancia, pero tres personas que son co-iguales, inseparables, interdependientes, y eternalmete unidas en un ser y Esencia Divina"(5).

El Hijo (Cristo- Su Deidad):

  1.  
    1. Probada por sus nombres
  1.  
    1. Dios. Hebreos 1:8
    2. Hijo de Dios. Mt. 16:16;26:61-64a
    3. Señor. Mt. 22:43-45
    4. Rey de Reyes y Señor de señores. Apoc. 19:16.
  1.  
    1. Probada por sus caractersticas (Atributos)
  1.  
    1. Omnipotencia. Mt. 28:18.
    2. Omnisciencia. Juan 1:48
    3. Omnipresencia. Mt. 18:20
    4. Vida. Juan 1:4
    5. Verdad. Juan 14:6
    6. Inmutabilidad. Hebreos 13:8.
  1.  
    1. Probada por la adoracion que le rinden 
      (Al Señor tu Dios adoraras y a el solo serviras)
  1.  
    1. Los angeles. Hebreos 1:6
    2. Los hombres. Mateo 14:33
    3. Todos. Filipenses 2:10
  1.  
    1. Probada por su igualdad en la Trinidad
  1.  
    1. Con el Padre. Juan 10:30; 14:23.
    2. Con el Padre y el Espiritu Santo. Mt. 28:19, II Corintios 13:14.

El Espiritu Santo-Su personalidad

  1.  
    1. Probada por sus Caracteristicas:
  1.  
    1. Es inteligente. I Corintios 2:10-11.
    2. Tiene sentimientos. Efesios 4:30.
    3. Tiene voluntad. I Corintios 12:11
  1.  
    1. Probada por sus obras:
  1.  
    1. Enseña. Juan 14:26.
    2. Guia. Ro. 8:14.
    3. Comisiona. Hechos 13:4.
    4. Manda a los hombres. Hechos 8:26.
    5. Refrena. Genesis 6:3.
    6. Intercede. Romanos 8:26.
    7. Habla. Juan 15:26; II Pedro 1:21.
  1.  
    1. Probada por lo que se le atribuye.
  1.  
    1. Puede ser obedecido. Hechos 10:19-21.
    2. Se le puede mentir. Hechos 5:3.
    3. Se le puede resistir. Hechos 7:51
    4. Se le puede reverenciar. Salmo 51:11.
    5. Se le puede blasfemar. Mt. 12:31.
    6. Se le puede entristecer. Efesios 4:30
    7. Se le puede ultrajar. Hebreos 10:29.
    8. Se puede estorbar o impedir que actue como el quiere en nuestras vidas.
    9. Se le puede Apagar-I Tes. 5:19.

El Espiritu Santo-Su Deidad

  1.  
    1. Probada por sus nombres.
  1.  
    1. Nombres que, en plano de completa igualdad, relacionan al Espiritu Santo con las otras personas de la Trinidad. I Corintios 6:11.
    2. Nombres que lo muestran haciendo cosas que solo Dios puede hacer. Juan 14:16; Romanos 8:15.
    3. El Espiritu Santo es el Señor - II Corinitos 3:17
  1.  
    1. Probada por sus caracteristicas. (Posee atributos divinos):
  1.  
    1. Omnisciencia. I Corintios 2:10-11.
    2. Omnipresencia. Salmo 139:7; I Corintios 6:19
    3. Omnipotencia. Genesis 1:2.
    4. Verdad. I Juan 5:6.
    5. Santidad. Lucas 11:13.
    6. Vida. Romanos 8:2.
    7. Sabiduria. Isaias 40:13.
  1.  
    1. Probada por sus obras. (De obras que solo Dios puede hacer, se dice que son hechas por el Espiritu Santo.
  1.  
    1. Crear. Genesis 1:2.
    2. Inspirar. 2 Pedro 1:21.
    3. Formar la naturaleza humana de Cristo. Lucas 1:35.
    4. Convencer a los hombres. Juan 16:8.
    5. Regenerar. Juan 3:5-6.
    6. Confortar y consolar. Juan 14:16.
    7. Interceder. Romanos 26-27.
    8. Santificar. 2 Tesalonicenses 2:13.
  1.  
    1. Probada porque Su ser esta asociado, en plano de igualdad, con las otras personas de la Trinidad. Mateo 28:19; Hechos 5:3-4; 2 Corintios 13:14.

DISTINTIVOS DE LAS PERSONAS DE LA TRINIDAD

  1.  
    1. No se confunden:

      En acuerdo pues, hay lo que en el Hijo le constituye Hijo y no el Padre y hay lo que el Espíritu Santo le constituye como Espíritu Santo y no el Padre ni el Hijo.

    2. Sus Funciones:

       

      El Padre es quien engendra, el Hijo el engendrado y el Espíritu Santo es aquel que procede del Padre y del Hijo. Por cuanto estas tres personas en la Deidad están en perfecta unidad, hay un solo Dios Todopoderoso y uno es su nombre. Zacarias 14:9; Juan 1:18, 15:26

      El Padre destina la salvacion al hombre, El Hijo salva y perdona por su sangre atraves de la El y el Espiritu Santo Santifica. I Pedro 1:2

    3. Identidad y cooperación de la Deidad:

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo nunca aparecen idénticos en cuanto a persona, ni confundidos en cuanto a parentesco, ni divididos en cuanto a la Deidad, ni opuestos en cuanto a cooperación. El Hijo está en el Padre y el Padre en el Hijo, en cuanto a relación. El Padre no procede del Hijo, pero el Hijo procede del Padre, en cuanto a autoridad. El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo en cuanto a naturaleza, parentesco, cooperación y autoridad. Ninguna de las tres personas en la Deidad obra o existe separáda o independiente de las demás. (Juan 5:17-30,32)


"...porque tres son los que dan testimonio en el cielo, El Padre el Verbo y el Espiritu y estos tres son uno".

(I Juan 5:7)

 

El amor al prójimo

 

Título: El amor al prójimo

 

Fondo Bíblico: Levítico 19:13,18,33,34; Mateo 22:37-40; Romanos 1:14; 13:8-10; Gálatas 6:9,10

 

Verdad central: El amor a Dios nos permite amar a nuestro prójimo.

Texto áureo: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Romanos 13:9,10

Bosquejo

I. El mandato de amar a otros

A. Tratando al prójimo como a uno mismo

B. Dos grandes mandamientos ti.

II Compasión por todos

A. Pagando una deuda

B. Haciendo lo bueno

III. Demostrando amor

A. El amor y la ley

B. El resumen de todos los mandamientos

Objetivo

Saber lo que significa amar al prójimo, y demostrar ese amor hacia toda persona por medio de las buenas obras.

Introducción

La parábola del buen samaritano es una historia querida y conocida que habla de cómo tratar al prójimo. Según la interpretación habitual, el hombre que fue golpeado y robado es el prójimo, y el prójimo se define como cualquier persona que necesita ayuda.

Pero parece que Jesús puso más énfasis en el hecho de que el prójimo fue el que ayudó a la víctima. Después de contar la parábola, Jesús le pregunta al abogado escéptico: "¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?" (Lucas 10:36). El prójimo es el que tiene compasión de la persona necesitada y le ayuda. Así que la pregunta es: "¿Somos buenos prójimos o no?"

Comentario Bíblico

I. El mandato de amar a otros Levítico (19:13,18,33,34; Mateo 22:37-40)

A. Tratando al prójimo como a uno mismo

El pasaje en Mateo nos hace entender que aun cuando las estrictas reglas de la Ley estaban en pie, el principio fundamental de la vida para el seguidor de Dios, era el amor divino. La ley no fue escrita para el hombre justo, sino para los "transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos..." (1 Timoteo 1:9).

Traten al extranjero "como a un natural de vosotros" Moisés les dijo a los israelitas. Tal mandamiento era demasiado para un israelita, quien sabía que su propio pueblo era escogido por Dios. Los gentiles alrededor de ellos eran paganos. El mandamiento demuestra que Dios nunca quiso excluir a los que no eran judíos de tener comunión con El. Fueron los judíos quienes pensaron que ellos eran los únicos que recibirían la misericordia de Dios. Por lo tanto, creían que sólo ellos eran dignos de recibir privilegios especiales.

Pregunta: ¿Por qué debían los israelitas tratar a los extranjeros (los gentiles) mejor de lo que los extranjeros los habían tratado a ellos?

Los israelitas debían tratar bien a los extranjeros porque (1) los israelitas habían sido extranjeros en Egipto y sabían bien lo que era quedar excluidos, y (2) el Señor era su Dios. Puesto que Jehová es un Dios de amor y compasión, su pueblo debía mostrar los mismos atributos. El mandamiento de amar a otros todavía está vigente hoy.

Si el cristiano ama como Dios quiere y con la plenitud del Espíritu Santo para amar, naturalmente guardará los mandamientos y las limitaciones de Dios concerniente al trato de los demás. El que sinceramente ama a su prójimo no lo oprimirá ni le engañará, no le pagará mal por mal y no guardará ningún rencor contra él.

B. Dos grandes mandamientos

Estos mandamientos de amar a Dios y amar al prójimo son inseparables. El amor por los demás depende de nuestro amor a Dios; y nuestro amor a Dios se demuestra por nuestro amor por los demás (1 Juan 4:20 al 5:2). Sin embargo, los dos mandamientos son distintos.

Amar a Dios, como lo describe el Nuevo Testamento, no es algo normal para el hombre. La naturaleza con que nacimos nos hace enemigos de Dios (Lucas 19:11-14; Juan 3:20; Romanos 5:10; Colosenses 1:21). Amar a Dios como Jesús manda en Mateo 22:37 (Deuteronomio 6:4,5) debe ser la respuesta del hombre al amor que Dios tiene por él. Dios ama a todo el hombre: su corazón, su alma y su mente. Por lo tanto, se espera que el hombre ame a Dios con todo su ser.

El amor por los demás depende del amor que Dios nos mostró a nosotros de antemano. `Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros» (1 Juan 4:11). El amor del cristiano por los demás refleja el amor de Dios por nosotros. El Espíritu Santo es el que hace que el amor de Dios por nosotros se convierta en amor por otros (Gálatas 5:22).

Pregunta: ¿Cree usted que Dios espera que amemos a nuestros prójimos aun cuando es difícil amarlos? Si es así, ¿cómo la hacemos?

Romanos 5:5 nos presenta otra forma de demostrar el amor de Dios por otros a través de nosotros. Dios no espera que amemos a otros sin su ayuda. El amor con que amamos a los demás es en verdad el amor de Dios que rebosa en nuestros corazones para contagiar a otros. Es el amor de Dios visto a través de nosotros. A través de la oración, Dios nos da amor por otros cuando nos resulta imposible amarlos sin su ayuda.

II. Compasión por todos Romanos 1:14; Gálatas 6:9,10

A. Pagando una deuda

Pregunta: ¿Qué quiso decir Pablo en Romanos 1:14 cuando dijo que era un deudor? ¿Acaso somos deudores como Pablo?

Así como el amor de Dios se recibe para demostrarlo a los demás, también la comisión de predicar el evangelio a toda criatura fue para Pablo una deuda que le debía a cada hombre, mujer y niño. No le importaba de qué nacionalidad o cultura fueran sus oyentes.

Los "sabios" y "no sabios" son otra forma de decir "griegos" y "no griegos". Pablo quería que toda persona, sin importarle su nacionalidad o educación, escuchara la Palabra de Dios. Pablo les estaba escribiendo a los griegos, cuya civilización había dado al mundo muchos logros intelectuales y artísticos. Al mismo tiempo, quiso informarles que él también tenía el deber de llevar el evangelio a otros pueblos, "a los no griegos". Aunque "no griegos" se define como razas no civilizadas, Pablo usó el término para decir, a otros además de griegos. Pablo pudo haber incluido a los "ricos" y a los "pobres", a los "fuertes" y a los "débiles", a los "jóvenes" y a los "ancianos". De cualquier manera que se clasificaran, Pablo les debía la oportunidad de escuchar el mensaje del evangelio.

Tal es el espíritu misionero que todavía palpita en los corazones de creyentes dedicados. Ya sea ir en persona con el mensaje, ya proveer las finanzas para que otros vayan, la obligación aún esta presente. Así como a Pablo se le había encargado predicar el evangelio a otros pueblos, a nosotros se nos ha encargado la misma tarea. Les debemos el evangelio a los perdidos. En verdad, es una deuda que debe pagarse.

B. Haciendo lo bueno

Hacer el bien puede ser un trabajo agotador. Es fácil desanimarse, perder interés en nuestra tarea, o aun 'fiarse por vencido. El incentivo para hacer el bien es esencial.

En Gálatas 6:9, Pablo proveyó el incentivo en su selección de comparaciones. Hacer el bien es semejante a la siembra del grano en el campo. No veremos los resultados de la siembra inmediatamente, pero "a su tiempo segaremos, si no desmayamos».

Si el sembrador se cansa de tirar la semilla y sólo siembra la mitad del campo, sólo cosechará la mitad. Si queremos una cosecha completa de buenas obras, debemos sembrar y tener paciencia como el sembrador que espera el "precioso fruto de la tierra" (Santiago 5:7). Muchos cristianos son como los niños: quieren sembrar la semilla para luego cosecharla ese mismo día.

Pregunta: ¿Qué será nuestra cosecha si no nos cansamos de sembrar buenas obras?

Pablo no especificó qué cosecha recibiría el creyente si fielmente seguía sembrando buenas obras. Pero sabemos que las buenas obras, hechas como para el Señor, producirán una buena cosecha. Pueden traer consuelo y alivio a la gente necesitada. Pueden causar que un pecador acepte a Cristo como su Salvador; puede ser una cosecha que trae noticias de gran gozo al cielo y al que cosecha. Hacer buenas obras puede detener el deterioro moral de la sociedad, y hacer que nuestras comunidades sean mejores lugares para vivir (1 Timoteo 2:1-4). Al final, el cielo recompensará al que hace buenas obras por el fiel servicio que hizo en la tierra.

El bien que debemos hacer a toda persona se cumple por medio de la obra del Espíritu Santo en nosotros. Sólo al tener una relación vibrante con el Señor podrán nuestras vidas producir mucho fruto que permanecerá por la eternidad.

La exhortación de hacer el bien es más específica al final de Gálatas 6:10: "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe." Mientras es nuestro deber hacer el bien a todos, estamos obligados a hacer el bien y bendecir a los hijos de Dios y a los hermanos en la fe. La frase, "a todos" indica que el amor cristiano no tiene limitaciones. La mención de "la familia de la fe" sirve para reiterar que la prioridad del amor cristiano es suplirlas necesidades de otros creyentes.

Es lamentable cuando el mundo ve que el creyente carece de las necesidades básicas. Tales circunstancias parecen sugerir que Dios no es capaz de cuidar a su pueblo. Pero en realidad, mucho del cuidado de Dios por nosotros se ha delegado a otros cristianos. Nuestra compasión debe extenderse hacia todos los que influyamos, más aun a otros creyentes, demostrándoles nuestra firme dedicación a la ley del amor. A medida qué suplimos las necesidades de otros creyentes, también estaremos creando un ambiente que atraerá a otros a la familia de Dios.

III. Demostrando amor Romanos 13:8-10

A. El amor y la ley

Pregunta: ¿Es cierto que el mandato de no deber nada a nadie significa que toda persona que compra una casa con dinero prestado está violando las instrucciones bíblicas?'

En una parábola, Jesús habló de un rey que perdonó una deuda de 10.000 talentos a un siervo que luego rehusó perdonar la deuda de 100 denarios a otro siervo. En ninguna parte denuncia Jesús el hecho de que había una deuda. "No debáis a nadie nada" podría explicarse como: "Uno no debe rehusar pagar sus deudas para estar al corriente."

El verdadero énfasis de Pablo no estaba en la deuda monetaria. Al llamar la atención al concepto de deudas, quiso hacer hincapié en el gran deber que tiene cada creyente de amar a otros. Con el tiempo, el cristiano debe cancelar toda deuda monetaria, pero la gran deuda de amar a otros siempre debe continuar. Jamás llegará el momento en que ya no se necesita amar.

El que ama a los demás ha cumplido con la ley (v. 8). Todos los mandamientos sobre las relaciones entre personas se resumen en un solo mandamiento: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (v. 9). Si verdaderamente amas a una persona, jamás querrás matarla o adulterar con su cónyuge, tampoco robarás su bolsillo, mentirás o codiciarás sus bienes. Así que, el amor cumplirá la Ley, no destruyéndola, sino guardando cada mandamiento de la Ley, motivado por el amor más bien que por el deber.

B. El resumen de todos los mandamientos

Pregunta: Si alguien desobedece los mandatos de Dios, ¿de qué carece?

Ya se ha dicho que el amor cumple la ley en forma positiva, proveyendo la motivación positiva para obedecer los "no harás" de la ley. Una verdad relacionada con esto debe notarse: Desobedecer cualquier mandato de Dios es evidencia de que el amor que Dios requiere no está presente.

El amor no hace daño al prójimo. Un comentario perfecto sobre esta verdad se encuentra en otro pasaje inspirado por el Espíritu y escrito por Pablo: 1 Corintios 13. El amor es sufrido con el prójimo, y benigno. No es jactancioso ni se envanece, sino que pone al prójimo primero (v. 4). El amor no busca lo suyo, sino el bien de su prójimo (v. 5); hasta se olvida de sí mismo, y piensa sólo en el bienestar de los demás. No se irrita con su prójimo, y desea el bien antes que el mal para los demás (13:5); cree lo mejor de su prójimo en vez de lo peor.

La suma de todos los mandamientos que tratan con la forma en que nos llevamos con los demás se resume en una palabra: AMOR. Demostrar este amor cumple con toda la Ley.

Aplicación

Es difícil que nuestro amor a Dios sea tal que nunca desobedeceremos sus mandamientos. Por lo que conocemos de nuestros sentimientos, emociones y reacciones, parece imposible alcanzar o manifestar un amor perfecto. Pero Dios sabe que no podemos lograrlo. Es una obra de gracia, una obra del precioso Espíritu Santo. Dios ha prometido cumplir esa obra en nosotros, si se lo pedimos y permitimos que lo haga.

Aunque la obra es completamente de Dios, no estamos absueltos de toda responsabilidad. No podemos culpar a Dios si no vemos su amor demostrado en nuestros corazones. Cuando vemos imperfecciones en ese amor que demostramos, sólo podemos culparnos a nosotros mismos y a nadie más. No hemos permitido que Dios haga todo lo que El quiere hacer en nosotros.

Haga un voto de cumplir con su obligación de permitir que el Espíritu Santo desarrolle en usted una medida plena de su fruto. Ore específicamente que ese amor perfecto sea formado en su vida. Habrá momentos cuando parece que Satanás está multiplicando sus esfuerzos para impedir que usted sea transformado a la imagen de Cristo. Pero crea, la obra de Dios siempre está progresando.

Al mismo tiempo que le está pidiendo a Dios que cumpla en usted su obra, empiece a orar por el prójimo. La oración de intercesión consiste en orar por los demás. Al pedirle a Dios que lo bendiga y prospere - en forma física, material, y espiritual - notará que la obra del Espíritu Santo en usted le hará amar más a su prójimo.


 

 

LA REALIDAD DEL INFIERNO

Introducción:

 

         A pesar de que muchas personas hoy día consideran que la enseñanza bíblica del infierno no es más que un mito anticuado, muchos continúan valiéndose de esta imagen cuando quieren referirse a algo violento o aterrador.

 

         Durante la Segunda Guerra Mundial, la División Acorazada comandada por el general Patton, la primera unidad americana que entró en Berlín, fue llamada “el infierno sobre ruedas” por los destrozos que causó.

 

         En diciembre de 1990, cerca de Chattanooga, TN, se produjo un tremendo accidente en el que chocaron en cadena 75 vehículos, dejando un saldo de 15 muertos y 186 heridos; un bombero describió la escena como “un infierno de 5 Km.”.

 

         Y la primera noche de bombardeos sobre Bagdad en la guerra en el Golfo Pérsico, en 1991, el corresponsal de CNN Bernard Shaw comentó a los televidentes: “Esto es como estar en medio del infierno”.

 

         Esta palabra transmite una imagen aterradora. Aunque curiosamente, también se usa en ciertos contextos para referirse a algo positivo o emocionante.

 

Cuando Saddam Hussein anunció en 1990 la liberación de todos los extranjeros que habían sido retenidos en Irak luego de la invasión de Kuwait, uno de los rehenes llamó por teléfono a su esposa en Gran Bretaña para preguntarle si había oído la noticia; ella le respondió: “Sí, por aquí se ha montado un auténtico infierno”, refiriéndose a una euforia de alegría.

 

Y esta misma semana leí en un periódico local la noticia de que se ha desatado una batalla infernal en el Baseball de grandes ligas por el premio del jugador más valioso.

 

Es obvio que las personas tienen una idea del infierno que en algunos casos se acerca a lo que la Biblia enseña al respecto.

Pero también es evidente que el infierno es un concepto que se ha ido evaporando gradualmente de la conciencia colectiva de la sociedad occidental, al punto que  algunos piensan que se trata de una especie en extinción.

 

A principio de los setenta, John Lennon compuso una de sus canciones más famosas, la cual comienza con estas palabras:

 

Imagínate que no existe el Cielo;

Es fácil, si haces un intento.

Sin un infierno bajo nuestros pies

Y sobre nosotros sólo el firmamento.

 

He ahí la filosofía de vida que muchos prefieren asumir: De la nada venimos y a la nada volveremos; y entre una nada y la otra, debemos procurar sacarle el jugo a la vida porque esto es todo lo que hay. Pero ¿es realmente así? ¿Es verdad que después de la muerte no hay nada más?

 

Se puede hacer el intento y tratar de imaginar que no existe el cielo ni el infierno, haciéndole caso omiso a las contundentes enseñanzas de Cristo y de la Biblia en general; el problema es que nuestra imaginación no puede “fabricar” una realidad distinta a la que hay.

 

Y lo que quiero hacer en esta ocasión es echar un vistazo a lo que la Palabra de Dios enseña al respecto, porque es la única voz autoritativa que puede proveernos información veraz y segura sobre la existencia después de la muerte de aquellos que parten de este mundo en enemistad contra Dios.

 

¿Qué nos enseña la Biblia con respecto al infierno? En la mañana de hoy nos limitaremos a cuatro aspectos fundamentales; y el primero es que el infierno es un lugar real creado por Dios.

 

  1.  EL INFIERNO ES UN LUGAR REAL CREADO POR DIOS:

 

Muchas personas viven vidas tan miserables que no pueden imaginarse siquiera que exista otro infierno aparte del que ellos han vivido aquí. En una de sus obras de teatro el filósofo existencialista Jean Paul Sartre dice a través de uno de sus personajes que “El infierno son los demás”.

 

Olvídense de la hoguera y el azufre, dice él, no hay más infierno que la condición miserable que otros nos hacen padecer en esta vida.

Pero esa no es la enseñanza de las Escrituras al respecto. Por más terrible que sea la existencia de algunos en este mundo caído y dañado por el pecado, la Biblia presenta el infierno como un lugar real que muchos tendrán que enfrentar después de la muerte física.

 

El infierno no es una metáfora, ni un cuadro simbólico de nuestros sufrimientos presentes. Tampoco es, como lo describió en cierta ocasión un teólogo liberal, una “experiencia interna provocada por la negativa de una persona a abrirse al amor” (cit. por Blanchard; pg. 54-55).

 

En la parábola del rico y Lázaro, en Lc. 16:28, Jesús presenta al hombre rico describiendo el infierno como “este lugar de tormento”. Y la palabra que aparece allí es la que se usa normalmente en el idioma griego para referirse a un lugar: topos, de dónde proviene nuestra palabra “topografía”.

 

De igual manera la Biblia dice de Judas, en Hch. 1:25, que luego de quitarse la vida se fue “a su propio lugar”, o “a donde merece” como alguien lo ha traducido. El infierno es un lugar real creado por Dios.

 

¿Dónde se encuentra? No lo sabemos porque la Biblia no lo revela. Durante la Edad Media era común pensar que el cielo se encontraba en algún lugar encima de nosotros, mientras el infierno en algún lugar por debajo.

 

Pero hoy sabemos que las expresiones “abajo y arriba” en relación con el universo no tienen ningún sentido. ¿Dónde situamos el abajo y el arriba si la tierra es redonda?

 

Hace unos años un periódico finlandés anunció que en la década de los 80 unos científicos había encontrado el infierno; supuestamente estaban perforando un pozo en Siberia de 14.4 kms de profundidad y con un aparato receptor ultrasensible, habían registrado el sonido de millones de voces humanas gritando en angustia.  

 

Según este grupo de científicos, también registraron que en ese lugar había una temperatura estimada en 1100 grados Celsius (unos 2,000 grados Fahrenheit). Por supuesto, habría que preguntarse cómo los aparatos de grabación pudieron resistir una temperatura semejante y por qué esperaron tanto tiempo para dar a conocer una noticia tan extraordinaria.

 

 

En realidad esto resultó ser un engaño muy elaborado. Nosotros no tenemos idea de dónde se encuentra localizado el infierno en este universo creado por Dios, pero no hay ninguna duda de que la Biblia lo presenta como un lugar real.

 

  1. EL INFIERNO ES UN LUGAR DE CASTIGO, JUSTO Y TERRIBLE:

 

Y yo sé que aquí estoy entrando en un terreno que para muchos es odioso en extremo. El concepto de “castigo” en la sociedad occidental se ha convertido en un tabú. Muchas personas consideran que la idea de castigar es barbárica y primitiva, algo que debe ser totalmente erradicado de una sociedad civilizada.

 

Si a esto añadimos el relativismo moral que permea la mentalidad de nuestra generación, entenderemos por qué esta enseñanza bíblica del juicio y el castigo divino resulta hoy día tan chocante.

 

Como alguien ha dicho, “la creencia más fundamental en la cultura Americana es que la verdad moral es relativa a cada conciencia individual. Consecuentemente, nuestra cultura no tiene problemas con un Dios de amor que nos apoya sin importar cómo vivamos. Pero objeta fuertemente la idea de un Dios que castiga a las personas por sostener sinceramente sus creencias, aún en el caso de que estén equivocados” (T. Keller; pg. 70).

 

Esta mentalidad caracteriza el espíritu de nuestra época. En la antigüedad la mayoría de las personas pensaba que existía un orden moral absoluto y objetivo al cual los hombres debían adaptarse, independientemente de sus gustos y preferencias.

 

Eso no quiere decir que en el pasado la mayoría de las personas se sometía a ese orden moral; pero en la mente de muchos ese concepto estaba tan claro como la luz del medio día.

 

Pero entonces llegó la ciencia moderna en el siglo XVI, promovida en un principio por la idea de que un Dios racional había creado el universo, y que había dado al hombre la capacidad de aplicar su razón para entender ese universo racional. Es por la influencia de la cosmovisión cristiana que nace la ciencia moderna.

 

Pero poco a poco comenzó a desarrollarse en el hombre moderno la mentalidad de que la ciencia era el único medio para alcanzar verdadero conocimiento.

Y no solo eso: muchos llegaron a pensar que la ciencia podía aplicarse para transformar el orden natural a nuestra conveniencia. De manera que ya no tenemos que controlar nuestros deseos para que encajen con la realidad, sino que podemos transformar la realidad para que encaje con nuestros deseos.

 

En otras palabras, ya no hay un orden moral preestablecido al que debemos someternos; ahora corresponde a cada individuo, o a cada conglomerado social, decidir lo que está bien y lo que está mal.

 

Ahora, imaginen a una persona que ha comprado esta filosofía, y que opina, por ejemplo, que el sexo fuera del matrimonio es perfectamente apropiado porque es un deseo natural en el hombre.

 

¿Cómo reaccionará este individuo cuando escuche que Dios castigará a los fornicarios y a los adúlteros? Se sentirá altamente ofendido y abusado, porque eso es una violación de sus derechos.

 

Pero la Biblia enseña, sin lugar a dudas, que el mismo Dios que estableció una ley moral que debe regir a los hombres, también estableció el castigo de aquellos que violen Su ley. Un conjunto de leyes sin sanciones son palabras al viento y Dios no habla por hablar.

 

En Mt. 25:46, el Señor Jesucristo nos dice que los impíos irán “al castigo eterno”. Y en 2Ts. 1:8-9 Pablo dice que “los que no conocieron a Dios ni obedecieron el evangelio de nuestro Señor Jesucristo… sufrirán pena de eterna perdición”. Allí será el lloro y el crujir de dientes, dice el Señor. El infierno es un lugar de sufrimientos y miseria.

 

Esto lo vemos más claramente al considerar el origen histórico de la palabra Gehenna, que nuestras versiones traducen como “infierno”.

 

Alrededor del 750 a.C. el trono de Judá fue ocupado por un hombre impío llamado Acaz. Una de las atrocidades que este rey idólatra cometió fue la de sacrificar a sus propios hijos al dios amonita de Moloc, en el valle de los hijos de Hinom, o valle de Hinom, un lugar al sudoeste de Jerusalén.

 

Este rey fue sucedido por su hijo Ezequías, un hombre temeroso de Dios que abolió las prácticas idolátricas de su padre. Pero a la muerte de Ezequías le siguió su hijo Manasés, tan impío y tan idólatra como su abuelo Acaz.

Éste volvió a edificar los altares paganos en el valle de Hinom, dónde sacrificó también algunos de sus hijos. Manasés fue sucedido por su hijo Amón, tan impío como su padre, y éste a su vez fue sucedido por Josías, uno de los reyes más piadosos que tuvo la nación de Israel en toda su historia.

 

Josías destruyó todos los altares que sus ancestros habían edificado y destinó el valle de Hinom para ser un vertedero público donde iban a parar todos los desperdicios y toda la basura de Jerusalén.

 

Más tarde, este lugar fue escogido para arrojar los cuerpos de animales muertos, así como los cadáveres de los criminales, que se pudrían allí o eran consumidos por el fuego que ardía continuamente en el valle, porque siempre había algo que quemar. Por eso un escritor señala que en ese lugar “las llamas nunca dejaban de arder y los gusanos nunca dejaban de comer”.

 

Los hebreos le llamaban Ge-ben-hinnom, que significa “valle de los hijos de Hinom”, o por su forma abreviada Ge-hinnom, la cual pasó al idioma griego como Gehenna. De modo que esta palabra comunica la idea de desgracia, deshonra, pecado, culpa, desolación, castigo.

 

Esta palabra aparece doce (12) veces en el NT, once (11) de las cuales fueron pronunciadas por Cristo mismo. Y Su enseñanza no deja lugar a dudas en cuanto a la terrible realidad del infierno:

 

En Mt. 5:29, Cristo advierte del peligro de ser arrojado con todo su cuerpo en el infierno. En Mt. 23:33 menciona a los hipócritas que no podrán escapar de la condenación del infierno (la condenación del Gehenna).

 

Cuando envió a los 12 discípulos a predicar el evangelio, y sabiendo de antemano que tendrían que enfrentar muchas dificultades y persecuciones, el Señor les dice: “No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno”.

 

En otra ocasión se refirió al Gehenna como el lugar donde “el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Mr. 9:46).

 

Y aunque algunas de estas descripciones son metafóricas, eso no suaviza la realidad del infierno sino que la recrudece, porque la realidad siempre será peor que aquello que se usa como comparación.

El infierno es un lugar de castigo justo y terrible. Como vimos la semana pasada, la Biblia nos revela a Dios como un Ser perfectamente bueno, pero también como un Ser perfectamente santo y justo “que de ningún modo tendrá por inocente al malvado”. Un ser indiferente a la maldad y a la injusticia no sería bueno en ningún sentido.

 

Y como criaturas creadas a Su imagen y semejanza, todos aquí podemos entender ese concepto, por más que algunos se empeñen en sacarlo de sus mentes y de sus conciencias. El mal debe ser castigado, de la misma manera que el bien debe ser recompensado.

 

Ese es un principio elemental de justicia. Como decíamos hace un momento, un conjunto de leyes sin sanciones son palabras al viento. Y cuando es Dios el que castiga, ese castigo será total y absolutamente justo.

 

El juicio de Dios, dice Pablo en Rom. 2, es según la verdad. Nadie recibirá ni un poco más de lo que merece, pero tampoco ni un poco menos. Es por eso que la Biblia enseña que en el infierno habrá diversos grados de castigo.

 

Dice en Lucas 12:47-48: “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá”.

 

El castigo será proporcional al conocimiento y las oportunidades. Es a la luz de esa realidad que Cristo pronunció un juicio tan severo contra las ciudades de Corazín, Betsaida y Capernaum:

 

“Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, diciendo: Ay de ti, Corazín! Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en vosotras, tiempo ha que se hubieran arrepentido en cilicio y en ceniza. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti” (Mt. 11:20-24).

Hablando a los líderes religiosos de Su tiempo, que tenían conocimiento de las Escrituras, pero que no las ponían en práctica, sino que la torcían para sus fines egoístas, Cristo les dice:

 

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación” (Mt. 23:14). Todos serán castigados, pero no todos en el mismo grado. A mayores privilegios mayor responsabilidad.

 

Alguien pudiera estar pensando que si esto así le hubiera sido mejor no conocer el evangelio. Pero ese es un razonamiento totalmente equivocado. Por un lado, todos serán castigados, porque la ignorancia de aquellos que nunca han oído es relativa, no absoluta. Esa es la enseñanza de Pablo en Rom. 1:18-32.

 

Por otra parte, la predicación del evangelio es el medio por excelencia que Dios usa para salvar a los pecadores (Rom. 1:16; 10:17; 1Cor. 1:18, 21). Por eso, el castigo será más severo contra aquellos que rechazaron ese medio de gracia habiéndose expuesto a él, porque la oportunidad de escuchar el evangelio es en realidad un enorme privilegio.

 

No sabemos con certeza en qué sentido algunos recibirán mayor condenación, y no tiene sentido ponerse a especular más allá de lo que la Biblia revela. Pero podemos suponer con bastante grado de certeza que una de las cosas que agravarán el castigo de muchos en el infierno será precisamente el recuerdo de todas las oportunidades despreciaron.

 

El recuerdo de tantas predicaciones, tantos devocionales familiares, tantas oraciones paternas a veces con lágrimas, eso agravará sin duda el remordimiento de millares y millares de los condenados en el infierno.

 

“¡Oh si hubiera hecho caso cuando el arrepentimiento y la fe estaban al alcance de mi mano!” Pero el día llegará cuando toda oportunidad habrá pasado para siempre.

 

Y eso nos lleva a nuestro próximo encabezado, y es que el infierno es un lugar de castigo eterno.

 

 

 

 

  1. EL INFIERNO ES UN LUGAR DE CASTIGO ETERNO:

 

Y aunque no voy a repetir todo lo que dijimos en el sermón anterior acerca de la justicia de Dios al castigar eternamente los pecados que se cometen en el tiempo, solo quiero recordar que los crímenes no se castigan tomando en cuenta el tiempo que lleva cometerlos.

 

Como decíamos la vez anterior, ni siquiera la justicia terrenal actúa de ese modo. Un segundo es suficiente para apretar el gatillo y cometer asesinato, pero la sociedad espera que al homicida se le imponga la pena máxima.

 

Lo que se toma en cuenta al imponer un castigo, es la dignidad del ser que fue dañado u ofendido con el crimen cometido. El ejemplo de un niño que pisa a un gusano – que tortura a un gato – que muestra crueldad hacia otro niño.

 

El problema del pecado es que se trata primariamente de una ofensa contra Dios y Dios es infinitamente digno de ser adorado y obedecido. Todo pecado que el hombre comete contra Él merece una pena infinita.

 

Y si hay algo que la Biblia enseña con toda claridad es que la condenación del infierno es eterna.

 

Cuando Cristo dice en Mr. 9:46 que en ese lugar “el gusanos de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga”, es obvio que se refiere a un castigo que nunca termina y que se sufre en forma consciente.

 

En el texto de Mt. 25:46 Cristo dice que tanto los impíos como los justos arribarán a un destino eterno; los primeros de condenación y castigo, los segundos de vida y bienaventuranza. Tan eterno es un destino como el otro.

 

En el texto que leímos en 2Ts. 1:9 Pablo habla de “eterna perdición”.

 

El profeta Daniel nos dice que los condenados sufrirán “vergüenza y confusión perpetua”.

 

En 2P. 2:4 se habla de “prisiones eternas”. En Judas 7 del “castigo del fuego eterno”; y en el vers. 13 de eterna oscuridad. Dios se empeñó en dejar señales claras de advertencias para que no hubiese dudas al respecto: el castigo del infierno es un castigo eterno.

 

Hablando de los condenados, dice en Ap. 14:11 que “el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche”. Esa misma expresión aparece en Ap. 4:9 para describir a Dios como el “que vive por los siglos de los siglos”. De manera que el tormento del infierno es tan eterno como Dios mismo.

 

Queridos hermanos y amigos, por más duras que suenen estas palabras, es imposible evadir la enseñanza de la Biblia al respecto. El infierno es una terrible realidad, tan terrible que Dios el Hijo se hizo Hombre para sufrir el infierno en la cruz del calvario y así poder ofrecer al hombre salvación gratuita por medio de la fe.

 

  1. EL INFIERNO FUE PREPARADO PARA EL DIABLO, SUS ÁNGELES Y TODOS AQUELLOS QUE DECIDAN SEGUIR SUS CAMINOS:

 

Alguien decía en un tono de burla blasfemo que el infierno estará de lleno de gente interesante. Pero no es de esa manera que la Biblia plantea este asunto. Cristo habla del infierno como un fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

 

El infierno es un terrible lugar preparado especialmente para criaturas demoníacas. Ese es su destino; y es interesante notar que esto es algo que los demonios conocen muy bien.

 

En cierta ocasión Cristo visitó una sinagoga, y había allí un hombre endemoniado que de inmediato comenzó a dar voces diciendo: “¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos?” (Mr. 1:23-24).

 

Y en una situación similar, en Lc. 8:31, dice que los demonios le rogaban que no los enviase al abismo. Ellos conocen perfectamente cuál es el destino que les espera; y en su absoluta maldad tratan de llevarse consigo el mayor número de personas posibles a través del engaño y la seducción.

 

De manera que en ese horrible lugar, que fue originalmente diseñado para el diablo y sus ángeles, serán arrojados también todos aquellos que decidan seguir sus caminos en oposición a los caminos de Dios (comp. Ap. 21:8 – he ahí la gente interesante que finalmente se encontrará en el infierno).

 

El cielo es un lugar donde los santos disfrutarán de la presencia especial de Dios por los siglos de los siglos. Ese es el contexto de Ap. 21:8. El paraíso perdido en el huerto del Edén vendrá a ser el paraíso recobrado por la obra redentora de Cristo.

 

Pero es precisamente esa presencia especial de Dios la que esos pecadores rechazan con todas las fuerzas de su ser. Por eso decíamos el domingo pasado que a final de cuentas solo hay dos grupos de personas: Aquellos que dicen a Dios: “Hágase tu voluntad”, y aquellos a quienes Dios dirá al final de sus días: “Hágase tu voluntad”.

 

Pero la Biblia también enseña que el infierno será el destino de mucha gente moralista y decente (comp. 2Ts. 1:8-9; comp. Jn. 3:3, 5, 36; 5:24).

 

Conclusión:

 

         He ahí, en una forma muy resumida, algunas de las enseñanzas más importantes de la Biblia acerca del infierno.

 

Indudablemente se trata de una doctrina difícil de asimilar, aún para los creyentes, porque nosotros no tenemos un concepto adecuado de la horrible naturaleza y culpabilidad del pecado, ni de la inmensurable magnificencia de la gloria de Dios.

 

Como dice el teólogo Charles Hodge: “Somos jueces incompetentes de la penalidad que el pecado merece”.

 

Sí, es una enseñanza difícil de asimilar, pero sería una inmensa crueldad de nuestra parte dejar de advertir a los pecadores del horrible destino que les espera sin mueren en sus pecados, por el temor de ser vistos como personas fanáticas e irracionales.

 

No es casualidad que Jesús hablara del infierno más que nadie, ni que presentara esa doctrina en una forma tan vívida y aterradora.  Y es que nadie como El conocía los horrores del infierno, horrores que hicieron necesarios Su encarnación y Su muerte en la cruz del calvario.

 

¿Saben por qué Jesucristo habló tanto del infierno? Precisamente porque El vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, y nadie será salvo sino hasta que vea el terrible peligro en que se encuentra.

Mi amigo, el infierno es una realidad aterradora de la que debes procurar escapar cuando todavía puedes hacerlo. Pero esa oportunidad es ahora, porque ninguno de nosotros puede estar seguro de que tendremos un mañana a nuestra disposición.

 

No puedo imaginar siquiera cómo será ese instante en que un pecador traspasa el umbral de la eternidad y repentinamente se da cuenta que toda esperanza de salvación ha terminado por siempre.

 

Pero ese no tiene que ser el final de tu historia porque la puerta de la salvación sigue abierta para ti.

 

“Pero ¿y si yo no soy uno de los elegidos?”

 

La Biblia no enseña en ningún lugar que los pecadores deben averiguar primero si son elegidos para venir a Cristo en arrepentimiento y fe. Más bien proclama que todo el que venga será recibido si viene con la disposición de divorciarse de su vida de pecado y confiando únicamente en Cristo para Su salvación.

 

Más aún, la Biblia dice que la gracia de Dios está disponible para ayudarte a hacer lo que no puedes hacer por ti mismo. Pídele que te transforme, que venza tu incredulidad, la dureza de tu corazón.

 

 

 

 

google-site-verification: googlec5fcc472cb2b773b.html

Juan 10:27-29

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

 

K-nutos

Maranatha

http://www.elarrebatamiento.com/

http://www.facebook.com/pages/El-Arrebatamiento/414594045263508

1 Tesalonisenses 5:4

Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón

Juan 3:16

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

De tal manera amó Dios al mundo

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

 

Condiciones para seguir a Jesús

24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame